Hay dos tipos de personas: las que dedican su miserable existencia a arruinar la vida de otros, y aquellos cuya vida se ve truncada por el primer tipo de individuos.
Los segundos creen estar llenos de mierda.
Los primeros -los egoístas-, lo están.
Siempre me he considerado parte de los arruinados.
Siempre he salido perjudicada.
Mi propia ética, moral, o como diantres queráis llamarlo, me impide terminantemente pertenecer a un prototipo de seres que se autodestruyen a medida que las lágrimas de sus congéneres son empujadas por la musa de Newton.
Y partiendo de este hecho, todo explotó.